Playas de Sri Lanka


Tangalla


Nuestra intención era alojarnos al lado de alguna de las mejores playas de la zona, que según la guía eran Goyambokka, a 3 kilómetros al sur del centro, y Marakolliya, a 1,5 kilometros al norte. Cogemos un tuktuk y le decimos que nos lleve a la primera. Para empezar, nos quiere cobrar una 1000 LKR, “¿cómooo?, ni de broma chaval, te pagamos 200”. Al poco de empezar el trayecto nos dice que allí hay muy pocos alojamientos y caros, bla, bla, bla,… que mejor nos quedemos en la playa cercana al pueblo y que nos lleva al alojamiento de un amigo que nos lo deja a muy buen precio.

Acabamos quedándonos  en el alojamiento del amigo por 1000 LKR (6,2€) y en una playa que no nos gustó mucho, es la que está más cercana al pueblo, Medaketiya. Desde la parada de autobuses se puede llegar andando en 10 minutos.
No hay problema para encontrar alojamiento, todo el camino que bordea la playa está lleno de guesthouses.

En principio pensamos ir a la mañana siguiente hasta la “playa chula”, pero al final, por no tener que volver a por las mochilas y todo el lío, decidimos partir hacia Mirissa en cuanto nos levantásemos. 

Después de la experiencia, nuestro consejo si tu paso por Tangalla va a ser de un solo día es que te vayas directamente a las otras playas, aunque no las conocimos, sí podemos decir que Medaketiya no merece la pena. Para ir hasta alguna de las buenas, hazlo en tuktuk (y no te dejes convencer de lo contrario)o averigua que autobuses pasan por allí.

Mirissa
Para llegar desde Tangalla, cogímos un bus hasta Matara y desde allí otro a Mirissa, pero como venía siendo habitual, fluidez, siempre hay un autobús a punto de llegar o uno esperando para marchar.

Mirissa se extiende a ambas márgenes de la carretera principal pero no deja de ser una localidad pequeña y manejable. La playa no es la típica que parece una piscina, le falta calma y “turquesidad” al agua, o al menos eso parecía por el nublado, pero es muy bonita, de arena dorada, larga, salvaje y llena de cocoteros, nos gustó mucho. Es un buen lugar para relajarse unos cuantos días. 

Desde la islita "rock view" tienes unas vistas muy bonitas de toda la playa.En primera línea de playa hay chiringuitos, algunos con mesas en la arena pero afortunadamente no está petado. Estos locales son el lugar perfecto para disfrutar de una “Lion” (cerveza local) o el delicioso zumo de fruta de la pasión.


Mirissa en Sri Lanka
Otra actividad que ofrece Mirissa es el avistamiento de ballenas azules. La temporada para verlas es de noviembre a abril. Se puede organizar la excursión con muchas empresas, pero por la información que leímos en Internet, teníamos claro que si lo hacíamos era con Raja and the Whales, por ser una empresa responsable, comprometida y que respeta en todo momento la normativa de aproximación y velocidad que hay que mantener cerca de los mamíferos marinos. Esta es su web www.rajaandthewhales.com Al final no fuimos, se nos  habían acabado las pastillas del mareo y no nos apetecía un colocón no alcohólico.
 

En Mirissa también hay surf. En la entrada más al norte de la playa hay una buena izquierda. Es una ola larga que no entuba demasiado pero con algunas rocas incordiantes. Por este motivo preferí alquilar un bodyboard y disfrutar de los tubos orilleros de la zona más abierta. 

Alojamiento en Mirissa
Sanovin Guest House. Lo recomendamos, y en booking tiene muy buenas críticas. Está en la carretera principal, cerca de donde para el autobús, pero las habitaciones daban a un jardín y no oíamos ruido por la noche. Está todo nuevo y limpio, de hecho, cuando estuvimos sólo estaba construida la primera planta.
En la página de reservas, su precio era de 19€ la noche, pero allí negociamos y nos lo dejo a 2000 LKR (12,4€). Eso sí, no tenía agua caliente, por ahora.

Restaurante en la playa -poco más se puede pedir-


Unawatuna
Se trata de una bahía resguardada, de arena blanca, con agua limpia y tranquila. Quizá no es una playa tan bonita como Mirissa porque casi todo el espacio de arena ha sido devorado por los chiringuitos y hoteles, sin embargo la preferimos porque:
-      Es mejor para bañarse
-      La rodea un entorno muy selvático por donde dar paseos disfrutando de la vegetación.
-      Uno de esos caminos (viene indicado) te lleva a Jungle Beach, que aunque una vez más le sobra el restaurante con sus mesas y tumbonas, es una calita preciosa. También se puede llegar en tuk tuk pero recomendamos el paseo.
-      Al lado de Jungle Beach, está la hermosa Pagoda de la Paz.
-      Nos encanta la dagoba blanca y el Buda grande y colorido que hay en el extremo de la playa entre la vegetación, desde donde tienes las mejores vistas de Unawatuna. Hemos de reconocer que este es el Buda más “fiestero” de cuantos hemos visto por este país. Ya nos habíamos topado con alguna imagen llena de lucecitas, pero esta se lleva la palma. De noche, cuando todo está oscuro lo iluminan y parece que fluorece entre la oscura vegetación, además los cañones de luz y láseres de los chiringuitos le dan un toque muy “discotequero”.
-      Mientras que en Mirissa todo se concentra en la playa, en Unuwatuna tienes dos o tres calles más por donde darte una vuelta viendo tiendecitas y con mayor variedad de restaurantes.
Playa de Unawatuna en Sri Lanka
Unawatuna en Sri Lanka
Sri Lanka hacia Jungle Beach
Camino a Jungle Beach
Jungle Beach en Sri Lanka
Jungle Beach
Pagoda de la Paz en Sri Lanka
Pagoda de la Paz
Desde Unawatuna puedes acercarte en bus a Ahangama, donde encuentras los famosos pescadores zancudos de Sri Lanka. Según nos contaron esta forma de pesca se ha convertido en un espectáculo más que en una costumbre tradicional. Al parecer cuando sale el sol hay un montón de pescadores haciendo el paripé para que les saquen fotos y luego cobrar por ello. Nosotros llegamos tarde, a media mañana, tomamos las fotos que nos dio la gana y no pagamos nada, eso sí, solo había tres “zancudos”.

Alojamiento en Unawatuna
Brinkhouse Guest House. Es una buena opción para alojarse. Las habitaciones tienen terraza con vistas a un jardín, wifi, agua caliente, es espaciosa y tiene hasta armario. Aunque nos pedía 2500 LKR, la conseguimos por 2000 LKR/noche (12,7€). Es un lugar muy acogedor con un dueño bastante peculiar.


Hikkaduwa

Para llegar a Hikkaduwa cogimos un tuktuk desde Unawatuna hasta Galle (300 LKR) y desde aquí en autobús directo.
Galle merece una visita. Recorrer todo el fuerte no te llevará más de 2 horas y es totalmente recomendable. Cuando paseas por las calles de esta pequeña península es como si de repente te teletransportaras a cualquier isla caribeña porque los portugueses dejaron su característica impronta colonial.


Como ya comentamos en la entrada de presentación del viaje (ver), éste ha sido el  lugar de la discordia. Para Marta, Hikkaduwa es una escala totalmente prescindible en un trip por la isla, sin embargo, yo le pondría un “IM” mayúsculo. 

En “Hikka” no hay nada especial que puedas hacer si no te va el surf. Todo el pueblo, los hoteles y establecimientos están relacionados, en mayor o menor medida, con este deporte.

La playa como tal no es gran cosa, eso si, es muy larga por lo que puedes disfrutar de un largo paseo recorriéndola. Si prosigues dirección norte siguiendo la línea de la orilla puedes ver en persona varias tortugas que se acercan por la mañana a la orilla para comer lo que les ofrecen los turistas (previo pago a los locales claro). 

No obstante, puedes encontrar mejores playas a lo largo de todo el sur de Sri Lanka. 

El pueblo tampoco tiene nada especial pues no es más que un par de hileras de edificaciones a ambos lados de la carretera A-5.

Lo interesante de Hikkaduwa está pillarte una tabla de surf (unos 4€ día) y acercarte a cualquiera de los picos (seguro que encuentras una zona adecuada a tu nivel) pillar olas hasta que tus fuerzas digan basta, salir del agua y tomarte una “Lion” en cualquier terraza o chiringuito mirando al mar.

Playa de Hikkaduwa en Sri Lanka


En cuanto al alojamiento he de reconocer que no tuvimos mucha suerte. Por un lado, este lugar se está poniendo de moda entre surferos de todo el mundo por lo que los precios son mas altos que en otros lugares menos demandados. 

Por otro, en la casita individual que encontramos (1800 LKR/noche) se celebró una “cucaparty” durante toda la noche que nos amenizó la estancia. Yo no tengo nada en contra de las cucarachas pero Marta lo tiene todo y como amar es compartir, me hizo participe de sus inquietudes, miedos, sobresaltos, gritos… vamos que entre unas y otra tuve una noche más que desenfrenada.

El último día lo pasamos en Negombo y así estar más cerca del aeropuerto para la mañana siguiente. Para llegar a Negombo desde Hikkaduwa fueron varios pasos: Cogimos un tren que nos dejó en Colombo (en 2h15’), de ahí un tuktuk nos llevó a las estación de autobuses, que realmente está muy cerca pero con el caos absoluto de esa ciudad, el desconocimiento y las mochilas que al final del viaje ya no pesan lo que pesaban al principio, preferimos que nos llevaran, y aquí un autobús directo hasta estación de autobuses de Negombo. Y una vez allí un tuktuk hasta la calle Lewis Place que es donde están la mayoría de alojamientos.  

Como broche final a este increíble viaje, cenamos con María y Juanjo, otra pareja genial que conocimos durante el viaje, en el Bollywood Indian Restaurant (Nº42, Colombo Road, Negombo), un restaurante riquísimo que recomendamos.



http://www.depatitasenelmundo.es/p/blog-page_15.html

 


 

 

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NOSOTROS

De patitas en el mundo nace porque no somos los únicos a los que les gusta compartir el espíritu de VIAJAR y todo lo que esté relacionado. Ni somos los únicos a los que les importa pagar “de más” en sus escapadas porque hay que renunciar a muchas cosas para poder ahorrarlo Tampoco somos únicos por amar a los animales y considerar su mascota como uno más de la familia. Y por supuesto, no somos los únicos padres que no quieren renunciar a sus pasiones e intentan que todo encaje. Marta y David no somos los únicos que tienen un blog de viajes, pero nosotros lo necesitamos para hablar de todas estas cosas.

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